La energía del sábado se guarda en los silencios meditativos que reflexionan nuestras acciones de la semana.

Se emana el júbilo, se limpia lo que ya no es útil, se activan los sentidos, se libera y se fluye todo alrededor.
Se escucha el cielo, las plantas, los respiros…

Se habla con cordura, se contempla una flor, se cocina sano…

Hacer del sábado un olor a tierra mojada, reparando fortalezas y llenándolo de amor.

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