Una vez de viaje por un frío país del norte europeo, iba con dos amigas más caminando por las calles riendo estruendosamente, de esas veces que hasta cuesta caminar de la tremenda risa.

Pudimos percibir que la gente se nos quedaba viendo no muy amablemente, hasta que nos enteramos que en ese país sólo los niños se pueden reír de esa forma en la calle (y ya hasta dudé de ellos también) jamás los adultos y en público.

Cada cultura es diferente, tiene sus propios cánones de comportamiento, sin embargo, disfrutar de la vida sin olvidar “el niño” que llevamos dentro diría que incluso es saludable. Es cuestión de saber cuándo y donde comportarse.

La madurez es una mezcla de inteligencia emocional, prudencia y fluidez. De lo contrario, se puede pecar de rigidez e inflexibilidad.

Feliz día para reír como niños y columpiarse con la vida.

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