Donde hay amor sano no caben los celos, no existe la competencia, no hay afán de control, no busca explicaciones lógicas a creencias irracionales.

Los celos cegan, distorsionan la realidad. No hay nada más terco que un celotípico, todo lo que pase o se diga será utilizado a favor de sus pensamientos.

La cuestión ya no son los motivos de los celos sino la base de los mismos, la inseguridad en sí mismo y el apego desmesurado en ese afán de controlar y no soltar a la pareja de la cual depende su estabilidad emocional; se queja de que le es desgastante, pero le es mayor el miedo a estar sólo y enfrentarse ante su parte responsable. La relación enfermiza por lo tanto le conviene y satisface su aprehensión.

Que los celos no nublen jamás la conciencia saludable, el amor sólo se debe dar en libertad de ser uno mismo y hacia el prójimo. El amor no atrapa, no controla, no sofoca, no aprisiona. El amor libera, suelta, deja ser, deja ir, simplemente es.

Y, sí el amor ya no es, con mayor razón libre de irse se es.

20140410-190513.jpg